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Conjunto escultórico …

¿Qué es el coraje?, le preguntaron a Hemingway y respondió: «La gracia bajo presión». Y gracia es lo que contiene esta irreverencia de Mimi Laquidara: no será el estadio Guangzhou Evergrande de Shanghai, pero ligeramente modificado en sus proporciones, pintado en azul, rojo, amarillo y verde, flanqueado por semiesferas de diferentes tamaños que replican sus colores, este playón deportivo tiene encanto alucinógeno. De la cancha de pelota de las civilizaciones prehispánicas a las arenas romanas, a los estadios de fútbol de China, la arquitectura de los espacios para deportes masivos es icónica. Pero los pequeños playones, aquellos que funcionan como cantera en la formación de futuros deportistas o que simplemente ofician de arenero recreativo de fin de semana entre padres e hijos, ¿quién le dedica tiempo a su diseño? El arquitecto catalán Ignasi de Solà-Morales los llamaba terraines vagues, espacios urbanos ambiguos: un lote baldío sin borde definido, una cancha improvisada en una especie de terreno al margen de la vida urbana, algo que poca gente registra. Si la arquitectura es al mismo tiempo la proyección de un imposible y la puesta en práctica de un orden funcional, Laquidara se inclina hacia lo lúdico en desmedro de las rigurosidades técnicas. Lo que importa es imaginar, a lo Xul Solar (que también era arquitecto), espacios fantásticos, geografías visionarias, canchas misteriosas soñadas en noches de insomnio. En sus largas charlas con Borges, Xul Solar habló sobre la posibilidad de transformar las reglas y la lógica del fútbol. Su idea era duplicar la cantidad de jugadores y que cada uno llevara una letra en la espalda. Los goles se marcarían cuando los jugadores del mismo equipo, al correr, formaran una palabra. Era un sueño desquiciado pero, de haber profundizado en su visión, probablemente Xul hubiera imaginado el estadio completo construido con simples formas geométricas y símbolos ocultos. El espacio de juego y esculturas que Mimi Laquidara diseñó entronca con esta idea xulsolariana. La canchita deportiva, un espacio ajeno a la vigilancia de la policía de la industria artística, es el espacio ideal para que el arte eclosione con todo su desborde. En esta nueva instalación de Laquidara —mezcla de mural sobre piso, objeto escultórico y cancha de básquet— late un gesto que corresponde menos a los dictámenes de moda que a una serie de ráfagas intuitivas que se arremolinan alrededor de los espacios públicos, agitando el aire estancado.