Mundo disco
Madera, cubiertas de auto y libros.
2,60 x 7,55 mts diámetro.
Al final de la película Melancholia de Lars Von Trier, una madre le propone a su hijo hacer una carpa mágica para refugiarse de la inminente colisión de un planeta contra la Tierra. Juntos recogen palitos para armar lo que parece un tipi en lo alto de una colina y, una vez finalizada la precaria construcción, se instalan dentro de la estructura a esperar de piernas cruzadas. La madre llora de angustia; el hijo cierra los ojos, cree en la magia. Mundo Disco, la instalación de Diego Bianchi, parece un homenaje a este pequeño refugio, solo que en clave domo geodésico: una hermosa burbuja que parece inspirada en Buckminster Fuller y sus ideas sobre un sistema de estructuras en tensión y la necesidad de diseñar una vivienda para la humanidad, eficiente, económica y sustentable. Mundo disco es un iglú acuático, una semiesfera de madera recubierta por llantas de autos recicladas que flota en un arroyo forrado por redonditas de agua similares a camalotes. Rodeado por una reserva de plantas embriagantes y con una tacuarita azul que da saltos sobre una rama caída, el pequeño búnker contiene en su interior una biblioteca con libros sobre naturaleza, arquitectura y sustentabilidad.
Los seres humanos inventaron en el siglo xx dos formas de autodestruirse: el armamento nuclear y el deterioro del medio ambiente. La pequeña arquitectura de Bianchi parece cuestionarnos: ¿estamos en condiciones de subsistir con el propio poder que hemos engendrado? Apiñadas en este planeta, contando los días para el inminente desastre, las personas levantan sus ojos al cielo y se preguntan cómo terminará esta historia del mundo. Esta historia alucinante que empezó con un puñado de partículas elementales hace quince mil millones de años y que tuvo un lento, pero sostenido desarrollo hasta llegar al ser humano. La evolución continúa, pero se ha vuelto técnica. No se trata —como piensan algunos ecologistas nostálgicos— de una vuelta atrás, sino de crear una inteligencia colectiva, un humanismo tecnológico como el que imagina Mundo disco. Dentro de él, dos escenarios se me vienen a la mente: un planeta árido cubierto de desechos radioactivos o un planeta de mares abundantes y verdes iridiscentes. El mismo Buckminster Fuller lo dijo: «Si el éxito o el fin de este planeta y de los seres humanos, dependen de cómo soy y de qué hago, ¿cómo sería? ¿qué haría?».